A veces, transformar un espacio es también una manera de mostrar hacia afuera los cambios que han ocurrido dentro de una empresa.
Recientemente reabrimos las puertas de nuestra Boutique Providencia, en Guadalajara, después de una remodelación que buscó crear un espacio más limpio, luminoso y contemporáneo, pero profundamente Citlali.
Buscamos que esta reapertura coincidiera con la celebración de nuestro 58 aniversario, y poder hacerlo junto a Francisco Sánchez Sahagún, quien fundó Citlali en 1968, hizo este momento todavía más especial.
Pero nuestra relación familiar con la joyería comenzó incluso antes.
El oficio comenzó con su padre, pasó después a Francisco y, años más tarde, él confió a su hija Rosana la responsabilidad de continuar Citlali. Durante todos estos años, Rosana ha sido una figura fundamental en la evolución de la empresa y en la construcción de la identidad que hoy tiene Citlali. Ahora, una nueva generación también escribe esta historia: Sofía, hija de Rosana Sánchez, forma parte del equipo de Citlali.

Eso es un legado que está vivo y que tiene la libertad de transformarse.
A lo largo de estos 58 años, Citlali ha cambiado muchas veces. Han cambiado las colecciones, los espacios, las personas, las maneras de trabajar y también las historias que queremos contar.
Lo que permanece es el oficio, el trabajo hecho a mano, la plata, nuestra inspiración en México y la convicción de que una joya puede significar mucho más que el material del que está hecha.
Honrar un legado no significa repetirlo
Cuando Rosana recibió de su padre la responsabilidad de continuar Citlali, comprendió algo que terminaría marcando una nueva etapa de la empresa: honrar un legado no significaba repetirlo.
También había que sembrar nuevas semillas.
Así fueron apareciendo nuevas colecciones, personajes, símbolos e historias que poco a poco construyeron el universo que hoy reconocemos como Citlali.
En el corazón de ese universo vive un personaje fundamental: la Princesa Citlali. Más que la protagonista de nuestras historias, representa a una mujer que reconoce su propio valor, aprende a confiar en sí misma y asume su capacidad de decidir y de liderar. Y, al hacerlo, descubre que reconocer su propia fuerza también puede ayudar a otras mujeres a reconocer la suya.
Por eso nuestras joyas cuentan historias.
Historias de valentía, libertad, sabiduría, amor, naturaleza, pertenencia y transformación. Algunas nacen de símbolos que nos han acompañado durante décadas; otras surgen de nuevas preguntas y de aquello que estamos viviendo ahora.
Porque elegir una pieza de Citlali no tendría que ser solamente encontrar algo que nos parece bello. A veces encontramos un símbolo que nos recuerda algo que ya sabíamos. Una historia que llega en un momento particular. Una pieza que termina acompañándonos durante años y adquiriendo significados que ni siquiera existían cuando fue creada.
58 años después, queremos que nuestro trabajo llegue más lejos
Cumplir 58 años también nos hizo preguntarnos hacia dónde queremos ir.
Después de tantos años sabemos que no basta con crear objetos hermosos. Queremos que la belleza tenga significado, que las historias que contamos despierten algo en quien las recibe y que el trabajo de esta empresa también pueda tener un efecto positivo más allá de nuestras boutiques.
De esa convicción nace Citlali con Causa.
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Como parte de esta nueva etapa, decidimos apoyar de manera continua la labor de VIFAC, una asociación que acompaña a mujeres embarazadas que atraviesan circunstancias familiares y personales especialmente difíciles.
Nuestra colaboración comenzó con el taller Las Revelaciones para brillar, impartido por Rosana a 27 mujeres atendidas por VIFAC, y continuará a través de una aportación de Citlali destinada a apoyar el trabajo de la asociación.
Más que una campaña aislada, queremos que sea el comienzo de una forma más consciente de entender lo que una empresa también puede aportar a su comunidad.
Una historia que todavía se está escribiendo
La reapertura de Providencia, nuestro aniversario 58 y el inicio de esta colaboración con VIFAC coincidieron en un mismo momento, pero para nosotros están profundamente relacionados.
Los tres hablan de lo mismo: de recibir una historia, cuidarla y atrevernos también a transformarla.
Hoy podemos mirar hacia atrás y reconocer todo lo que hizo posible llegar hasta aquí: el oficio de quienes nos precedieron, la visión de nuestro fundador, las manos de quienes han trabajado la plata durante todos estos años, las personas que han formado parte de nuestro equipo, las clientas que conservan piezas de Citlali desde hace décadas y las nuevas generaciones que apenas comienzan a descubrirlas.
También podemos reconocer el trabajo y la visión de quienes han sostenido y transformado Citlali a lo largo del tiempo, especialmente el de Rosana, cuya trayectoria dentro de la empresa ha sido parte esencial de esta historia.
Pero cumplir 58 años también significa mirar hacia adelante.
Significa preguntarnos qué queremos conservar, qué queremos transformar y, sobre todo, qué queremos hacer con todo lo que hemos construido.
58 años después, seguimos transformándonos sin dejar de ser quienes somos.
Y todavía quedan muchas historias por contar.